Cuando comencé...
Al principio, solo quería entender qué me pasaba, pero con el tiempo descubrí que el objetivo no era "arreglarme", sino aprender a escucharme. Se trataba de mirar mi historia con amor, de habitar lo que siento sin disfrazarlo, y de hacerme responsable de mi propia existencia. Aprendí a amarme tanto, que allá afuera pude empezar a verlo todo con ojos más compasivos, convirtiendo el atesorar los momentos de felicidad con el desapego de vivir presente, aprendi que debia parar de buscar mi mejor version y debia empezar a vivir con lo que he constuido, descubri que no quiero ser algo diferente a lo que ya soy.
La Terapia Gestalt me regaló herramientas hermosas. Me enseñó a ponerle palabras a lo que dolía, a actuar desde la herida y a elegirme desde la consciencia, sin delegar en los demás la responsabilidad de aquello que me correspondía a mí.
Hoy, este proceso me ayuda a:
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Reconocer mis emociones como grandes maestras y no como mis enemigas.
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Hacerme cargo de lo que siento, liberándome de culpas que no me pertenecen.
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Habitar mis vínculos desde la autenticidad, dejando atrás la necesidad de complacer o buscar aprobación.
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Mirar lo que soy hoy con ternura, sin prisa y sin juicio, aceptándome como la humana que soy, con mis sombras y, sobre todo, con una profunda compasión hacia mí misma.
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